10 May

#lovetopía se distribuirá de manera independiente y alternativa

He escrito #lovetopía sin ninguna pretensión profesional ni económica. Era algo que sentía tenía que hacer y, simplemente, lo he hecho. Pero cuando compartí los primeros borradores, gustó tanto que inmediatamente salió la pregunta sobre qué iba a hacer con el libro. Unos cuantos amigos, de los buenos, me insistieron en que tenía que publicarlo en papel de la manera tradicional para que #lovetopía llegase al máximo número de personas.

Mi primera reacción fue de rechazo. Me siento lovetopiano y hago las cosas de la manera lovetopiana. ¿Alimentar económicamente a una editorial grande? ¡Si puedo evitarlo, no! ¿Alimentar económicamente a una gran cadena de distribución? ¡No, no si puedo hacerlo distinto! ¿Dar mi voto económico a un sistema que me disgusta? ¡No, mi voto económico es importante!

Pero el argumento de que el modelo tradicional permite llegar a un mayor máximo número de lectores es fuerte. Así que me puse a ello y empecé a investigar cómo funciona la industria editorial. 

La respuesta estándar, contrastada con varias personas del sector, es que para llegar al lector tengo que pasar por editorial, distribuidora y librería. Así es como funciona:

  • La editorial es la que decide si publica y bajo qué condiciones, incluyendo en la mayoría de los casos las decisiones de cambios de contenidos, portada, precio y secuencia de formatos. 
  • La distribuidora es la que hace la logística de pedidos y envío a librerías. 
  • La librería es la que finalmente pone el libro en la estantería y lo ofrece al lector.

El autor, en este caso yo, es recomendable que trabaje con un agente editorial que lidie con los distintos participantes. Además, como soy un autor novel, todos los participantes entienden que la labor de difusión, comunicación y promoción la he de realizar yo. Tanto es así, que soy yo quien tendría que buscar un jefe de prensa.

Lo anterior, entre otras cosas, tiene su reflejo en el reparto de los ingresos y en los tiempos que se entienden como razonables. Aquí algunos datos:

  • La editorial se queda entre un 20%-30% del ingreso (por ejemplo, 2-3 euros de cada 10)
  • La distribuidora se queda un 40%-50% del ingreso (por ejemplo, 4-5 euros de cada 10)
  • La librería se queda un 30% del ingreso (por ejemplo, 3 euros de cada 10)

Fíjate que en lo anterior no está el autor. La retribución, cuando llega, proviene de la editorial y puede llegar a ser un 10% para grandes autores. Aunque, en mi caso, mejor pensar en que puede llegar al 5% (por ejemplo, 0,5 euros de cada 10). De esto también tiene que vivir el agente editorial y el jefe de prensa. Y digo “cuando llega” porque a veces se queda por el camino para compensar gastos de producción, o a veces  llega muchos meses, sino años, después.

Además, la opinión generalizada ha sido que, como pronto, #lovetopía vería la luz a finales del 2014. Esto, traducido en términos prácticos, es que alguien aparcaría la novela unos cuantos meses en su montón de novelas pendientes, a la espera de su turno.

¡No! ¡No me convence cómo funciona la industria tradicional! 

Teniendo en cuenta que me siento lovetopiano, nada de lo anterior va conmigo. Si hay 100 euros que ganar, prefiero que alimenten a pequeñas empresas locales, sean pequeñas editoriales, sean librerías o comercios de cualquier tipo. Y si hay un éxito que celebrar, quiero que esos ingresos extraordinarios de #lovetopía acaben en una fundación, la Fundación de Lovetopía, que destine su esfuerzo a promover y apoyar escuelas y tecnologías con intenciones lovetopianas.

Mi pequeño privilegio con #lovetopía es que puedo elegir. Y elijo. Elijo realizar una distribución alternativa e independiente. Elijo seguir la tradición lovetopiana. Elijo votar económicamente en favor de aquellos que me gustan y negar el voto económico a aquellos que me disgustan.

¿Elección correcta o elección errónea? Para mí, no hay duda. Mi elección es una decisión del corazón y las decisiones del corazón siempre son correctas. 

PD: Algo que tengo que hacer es agradecer a mis amigos su generosidad, esa que me ha permitido barajar distintos nombres de agentes literarios y de editoriales con quien se ofrecieron ponerme en contacto directo. ¡Gracias, de corazón!

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